Uno de los misterios más fascinantes, pero también el menos conocido de nuestro planeta, se encuentra en una zona desértica de 50 kilómetros cuadrados al norte de México.
En este desierto, las comunicaciones de radio y otras frecuencias son literalmente tragadas por un torbellino de fuerzas electromagnéticas que también son la base de otro extraño fenómeno.
En medio de este desierto, caen cada año satélites y meteoritos, atraídos por razones que aún se desconocen.
En 1970, un misil radioactivo de pruebas fue lanzado desde una base militar cercana a Green River (Utah); perdió el control y cayó en esta zona.
Inmediatamente, un equipo de especialistas estadounidenses llegó para buscar el misil. La búsqueda por tierra y aire duró tres semanas.
Como resultado de las operaciones de rescate surgieron varios mitos e historias sobre el área, incluyendo extrañas anomalías magnéticas que impiden la transmisión por radio, mutaciones de la flora y fauna o visitantes extraterrestres.
El cohete transportaba dos pequeños contenedores de cobalto 57, un elemento radioactivo.
Informes filtrados décadas después sugieren que los contenedores de cobalto nunca fueron recuperados en su totalidad.
Unos años después, un equipo de televisión que realizaba un documental descubrió unas tumbas en cuyo interior había esqueletos gigantes pertenecientes a seres de más de dos metros de altura.
Cuando el equipo de televisión regresó a la zona, los esqueletos habían desaparecido, probablemente vendidos por los campesinos de la zona a los militares.
La Zona del Silencio sigue ahí, devorando señales y guardando secretos que la ciencia moderna aún no se atreve a explicar. Mientras tanto, si los informes filtrados son reales, el cobalto 57 sigue latente bajo las arenas de la Zona del Silencio.